El peligro de los materiales con amianto en viviendas
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El peligro de los materiales con amianto en viviendas

18-04-17

El amianto puede estar presente en nuestras antiguas viviendas

El amianto (o asbesto) es un producto mineral de gran durabilidad y de reducido coste. Se encuentra de forma natural en formaciones rocosas alrededor del mundo. Está formado por un conjunto de haces de fibras minerales sólidamente unidas muy resistentes al calor, abrasión y tracción. Estas características han hecho que sea un material ampliamente utilizado en productos de gran consumo, en la industria y en la construcción. Las fibras de amianto utilizadas comercialmente pertenecen a dos grupos mineralógicos: las serpentinas (que incluyen el crisotilo o amianto blanco) y los anfibioles (que incluyen la crosidolita o amianto azul y la amosita o amianto marrón entre otros).

El amianto se utilizó en la construcción de casas, coches, barcos, ferrocarriles, tejados y hasta 5.000 productos industriales (como cacerolas, trajes de bomberos, planchas o tablas de planchar).

 

¿Cómo entra en nuestro organismo el amianto?

Una de las características del amianto es que los haces que lo componen pueden separarse con facilidad en fibras cada vez más finas, hasta llegar a fibrillas de tamaños microscópicos. Los productos que contienen amianto no presentan riesgo para la salud si las fibras permanecen fuertemente unidas, pero pueden ser perjudiciales si los materiales se rompen o se desgastan y las fibras se inhalan cuando son liberadas al entorno.

Fibras de amianto

Fibras de amianto

 

¿Qué efectos tiene el amianto para nuestra salud?

El riesgo de que se presente una enfermedad asociada al amianto está relacionado con: la concentración de las fibras presentes en el aire, la duración de la exposición, la frecuencia de exposición, el tamaño de las fibras inhaladas y el tiempo transcurrido desde la exposición inicial.

Las principales enfermedades asociadas a la exposición al amianto son: mesoteliomas, cáncer de pulmón, asbestosis y enfermedades cutáneas.

El mesotelioma es el efecto para la salud más característico asociado a la exposición a las fibras de amianto. Es un tumor maligno poco frecuente que se localiza sobre todo en la pleura (70-90% de los casos), tiene un largo período de latencia y afecta principalmente a los hombres a partir de los 60 años.

El cáncer de pulmón relacionado con el amianto tiene una apariencia similar al ocasionado por el humo del tabaco. También tiene un largo período de latencia y se manifiesta entre 15 y 40 años después de la exposición. Las personas expuestas al amianto que además fuman tienen un riesgo mucho más elevado de tener cáncer de pulmón.

La asbestosis o fibrosis pulmonar por exposición al amianto es una enfermedad de los pulmones progresiva y de evolución lenta. Las fibras inhaladas causan irritación de los tejidos pulmonares, que hace que se produzcan cicatrices que ocasionan insuficiencia respiratoria.

Además de las enfermedades pulmonares el amianto puede ocasionar otro tipo de afecciones de tipo cutáneo por penetración de las fibras a través de la dermis.

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) ha clasificado a todas las fibras de amianto como “cancerígenas para los humanos”. No se conoce ningún nivel de exposición que no sea peligroso. Como los períodos de latencia de estas enfermedades son muy largos, muchas veces es difícil probar que la causa sea la exposición al amianto. Los factores más importantes para poder realizar un diagnóstico son la historia de exposición previa al amianto y la presencia de alteraciones radiológicas.

 

¿Cómo actuar en casos de amianto?

Si bien el uso, la producción y la comercialización del amianto están prohibidos desde el año 2002, esto no afecta a los materiales que ya estaban instalados. Estos seguirán estando permitidos hasta el final de su vida útil o su eliminación, siempre que estén en buen estado y no presenten riesgo de liberación de polvo de amianto al ambiente. Estos materiales solo son peligrosos si se rompen o se desgastan, liberando el polvo de amianto al entorno.

Si se observan materiales que contengan amianto, como en algunos tejados o elementos comunes de los edificios, es necesario comprobar periódicamente que no haya signos de daño o desgaste. Si se va a manipular este material, se deben tomar las medidas de precaución adecuadas y recurrir a las empresas especializadas. Es importante evitar que se produzcan roturas o generar polvo de amianto cuando se raspa, cepilla, frota o corta los materiales que lo contengan.

 

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Fuente: Agencia de Salud Pública de Barcelona




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